Hablemos de inclusión…




La inclusión como acceso a la visibilidad, sobre lo visible se puede hacer, hay futuro cuando se está invitado a decidir, a elegir, trabajando desde lo posible.

La inclusión como posición implica una relación de sujeto a sujeto, entre sujetos. Donde cada uno va a hacer lo que pueda, como pueda, desde sus necesidades e intereses; donde cada niño es igual a todos y a la vez distinto a todos. La propuesta sería tomar  la decisión de mirar a cada niño a los ojos y descubrir lo que es único y particular y que sea él mismo quien nos muestre el camino; generando  otro espacio, donde lo diferente sea lo esperado y no lo que asusta y  angustia, donde prevalezcan distintos modos, distintos recorridos, distintos caminos y trayectos por crear.

Sería  atender a sus necesidades y características, es poder mirar, escuchar, generar espacios, detenerse a pensar caso a caso.  Es poner en juego la posibilidad de una mirada, de una distancia; tomando la decisión de dirigirse a lo singular de cada uno.  Sin olvidar, que la inclusión no se da entre las paredes de un consultorio sino necesariamente  en el encuentro con los otros… familia, escuela, amigos, sociedad…

La inclusión como acceso a la visibilidad da la posibilidad de hacer, de decidir, de elegir, como sujeto no alienado, brindando la posibilidad de un futuro diferente. Para esto  necesitamos detenernos, tomarnos un tiempo para pensar, reflexionar, preguntarse, dudar, cuestionar; valiéndonos de preguntas e interrogantes que posibiliten  apertura, y no certezas. Se trata entonces de acompañar la búsqueda, el camino.

Nos proponemos pensar  la inclusión desde el quehacer de cada día, en cada caso, desde un trabajo interdisciplinario y comprometido. Avanzar en la inclusión seria entonces, una tarea que requiere la intervención responsable y compromiso sostenido  de distintos niveles de la sociedad.  Para esto es necesario transformar el contexto, reestructurar las políticas y prácticas para que puedan dar respuesta a la diversidad, remover las barreras sociales proponiendo un cambio de actitud y mirada.

Avanzar en la inclusión como posición  ética, , es dar la bienvenida a la diferencia;  es una tarea que requiere la intervención responsable y compromiso sostenido  de distintos niveles de la sociedad. 

Al hablar de inclusión, no solo hacemos referencia a la inclusión educativa en particular sino a la inclusión en sentido amplio, inclusión que nos congrega a todos ya que todos estamos atravesados por la diferencia, por la falta en tanto constitucional… hablar de inclusión es hablar de uno y del otro, el otro en tanto otredad, y de nosotros como otro del otro.

Hablar de inclusión es  hablar de responsabilidad, de acción, de hacer, de construir y reconstruir a cada paso, cada vez.  Implica tomar la decisión de habilitar lo propio y lo del otro desde la tolerancia y la convivencia.

Verónica del Castillo
Psicopedagoga


Referencias
- J. Sorolla, Verano

Donde hay juego… hay niño.








        La propuesta sería  mirar al juego como un espacio propio e imprescindible donde se constituye la infancia,  reconocer al juego como esencial  establece una responsabilidad: la de garantizarlo en la vida, en la escuela  y en la clínica  cuando de niños se trata.


        “Cinco años, diagnóstico TGD con indicios de autismo, experiencias de situación de calle por violencia familiar. En los primeros encuentros había gritos, sin contacto visual, palabras sueltas inentendibles, manos en los bolsillos, por momentos ecolalias, alterna de un objeto a otro, no hay juego, sin control de efinteres. Se orienta el trabajo desde el juego como espacio para que algo del “niño” empiece a aparecer, se ponen a disposición diferentes materiales de juego, cajas cerradas y abiertas que invitan a explorar, a mirar, se le pregunta, se le ofrece elegir, a veces se acompaña el juego con preguntas, palabras y otras veces se acompaña y se sostiene desde el silencio… al principio son dos jugando al mismo tiempo en distintas escenas…. Con el tiempo se arman escenas compartidas, se buscan con la mirada y la palabra, elige con qué jugar, dispone de lo que hay…. Un día al llegar dice:-mirá mamá quién ésta!, Es Vero!, Vero, vamos a jugar!-,  la mamá cuenta que dejó los pañales…. Al irse dice...- la semana que viene…juego-.  Poco a poco aparece el juego, la palabra, la elección, el deseo, aparece el niño” (viñeta clínica)

        Se trata de dejar entrar lo lúdico, la posibilidad de jugar libremente en cada encuentro, de crear las propias reglas más allá de las establecidas, de que no haya reglas en tanto fijezas que marcan un único modo  posible, de habilitar el “uso” del juguete, de posibilitar el devenir de la imaginación, la creatividad, la afectividad, el pensamiento, el encuentro con el otro.

         El juego en sus múltiples posibilidades, como deseo, como herramienta, como espacio creativo, como escena donde surge lo propio, auténtico y particular de cada uno. El juego como actividad constituyente en la infancia, el juego como oportunidad que aparezca lo simbólico, como posibilitador de la palabra, como esencial para que el niño se despliegue con toda su potencialidad, su capacidad, para que el niño se asome, aparezca introduciendo la pausa en la llamada dis-capacidad.
 La actividad lúdica presente, en el mejor de los casos, desde los primeros tiempos en el vínculo madre-hijo, se va complejizando y construyendo en estructuras físicas, psíquicas, emocionales, cognitivas, y sociales que permiten el crecimiento armónico y saludable del niño, abriendo la posibilidad de lo  que más tarde será el lugar a las experiencias culturales.

         Jugando, el niño vivencia, recrea  resignifica… y asi en este devenir se despliega  el logro de la constitución  subjetiva… cabe preguntarse ¿qué le pasa a un niño cuando da cuenta de juegos estereotipados, escasez de juego simbólico,  juego fragmentado …? … el juego como lenguaje en la infancia, es cuestión de los adultos decidir escuchar.

       El niño como sujeto productor de sentido, se constituye  sostenido por los vínculos afectivos primarios, los adultos significativos en la vida de este  niño;  que luego se irán complejizando y abriendo hacia otros que acompañen este camino de la infancia.  Esas primeras relaciones, primero en la familia, luego en la escuela, sientan  las bases de  los procesos de identificación y socialización.

       Donde hay juego hay niño… donde hay niño hay juego…. el juego es partícipe de la construcción psíquica y en los intercambios intersubjetivos;  juego y niño  de la mano recorriendo los caminos de la infancia, de las infancias, la de cada uno… desde esta mirada es que consideramos que el juego permite construir y construirse.

Verónica del Castillo
Psicopedagoga

Referencias
- Picasso, Maya y la Muñeca

¿Qué pasa cuando algo de la educación no pasa?



A diario se escucha y se lee  desde políticas  gubernamentales y desde algunas instituciones educativas hablar con fluidez de la inclusión, de la educación personalizada, de los niños y sus necesidades… desde leyes nacionales hasta reglamentaciones locales, desde los derechos del niño hasta la solidaridad como valor… pero en la práctica ¿qué pasa?, ¿qué pasa cuando a diario se escucha “-este niño no puede seguir en esta escuela-“,  “otros  pueden y él no, acá no se puede quedar”.

Algunas veces nos encontramos con niños que al tener un certificado de discapacidad cuentan con un andamiaje de sostén, tratamientos, maestras integradora, y por lo tanto en el mejor de los casos son aceptados en alguna escuela llamadas comunes…. Pero… qué pasa con tantos otros niños, que concurren a  esas mismas escuela que se mueven sin parar, que les cuesta prestar atención, que su cuerpo desborda, que parecen estar en su mundo, que con el cuerpo, el grito, la descarga motriz dicen que algo les pasa… que muestran su malestar como pueden, con los recursos que su corta edad le brinda: el cuerpo, la voz, el dibujo, el llanto…

Del discurso a la práctica aún queda un largo camino por recorrer.

Me parece interesante pensar más allá de escuelas comunes o especiales, para pensar en la ESCUELA, como el lugar donde los niños se inician en la socialización por fuera de su familia de origen, como ensayo tal vez de lo que será más tarde el formar parte de la sociedad. Logrando entre todos una escuela que aloje, acompañe, construya lazos, porte exterioridad, con efectos para el niño, su familia, el grupo de pares y la sociedad misma. No de cualquier manera, no para todos igual, no más “común” para todos, sino “especial” para cada uno. La inclusión como posibilidad de ver a un niño, más allá del síntoma; de contribuir  a su constitución subjetiva. Tomando la decisión de dirigirse a lo singular de cada uno. 

Si tomamos la escuela como la primera institución socializadora, entonces la inclusión tendría que ocupar un lugar habitual en nuestras aulas, generando espacio a la diferencia para que esta posición se vea con el tiempo reflejada en nuestra sociedad. Los  docentes, tampoco pueden solos, es con el otro, por eso creo fundamental el trabajo en equipo e interdisciplinario, donde haya lugar para hablar, acordar, y disentir como fuente de enriquecimiento mutuo y sostén. Los docentes son parte constitutiva y fundamental en una institución educativa, pero no son los únicos responsables, si bien tienen la tarea indispensable de acompañar a cada niño diariamente y muchas veces se sienten, y están sólos… más de lo que se cree… más de lo que se dice.

La escuela inclusiva,  es la que desarrolla una pedagogía centrada en el niño, capaz de educar a todos, reconociendo en cada uno de nosotros  la necesidad de actuar con miras a conseguir "escuelas para todos" donde se  celebren las diferencias, respalden el aprendizaje y respondan a las necesidades de cada cual. 

Pero qué pasa cuando algo de la educación no pasa? Que pasa cuando la escuela baja los brazos y dice... Con este niño no puedo, este niño no es para esta escuela,…. Tal vez el primer paso sea reconocer que no es el niño, sino la escuela…. Es esa  escuela la que no puede, es esa  escuela la que tienen la dificultad de alojar a ese niño inquieto, desatento, corporalmente movedizo, es esa escuela la que no puede escuchar y mirar mas allá de lo que se ve a simple vista, es esa escuela, que espera a niños que entren en ciertos parámetros, en cierto molde o modelo. Y que no cuenta con los recursos, las estrategias ni el personal para que pase algo de lo educativo…

Es esa escuela la que tal vez tenga que detenerse y repensarse…

Como así también hay tantas otras escuelas que  parten de que cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios.  Los sistemas educativos deberían estar diseñados y los programas aplicados de modo tal, que tengan en cuenta la diversidad,  las  diferencias,  características y necesidades. Ante la inclusión, las escuelas representan un medio  para combatir las actitudes discriminatorias, crear comunidades que alojen, contribuyendo a construir una sociedad para todos. Promoviendo una transformación de las instituciones y políticas educativas, transformación que tenga como premisa lo vincular, el alojamiento, y la equidad.  Que puedan responder a las necesidades educativas de cada uno, no de cualquier manera, sino en cada caso, cada vez, atendiendo a la singularidad. Respetando el modo de cada uno de estar en este mundo. Para ello es necesario tomar la diversidad como enriquecedora del proceso de enseñanza aprendizaje, asumir un compromiso con nosotros mismos, nuestros alumnos y la sociedad. Repensar la  práctica educativa desde una posición basada en los derechos humanos, que implicaría tal vez, un cambio social, cultural, político, y no solamente educativo.

Verónica del Castillo
Psicopedagoga

Referencia:
- Degas, 1873, La clase de Danza.

Elegimos hablar de dis-capacidad…






           La idea de pensar la llamada discapcidad como 
dis-capacidad  propone una pausa; sin la cual la discapacidad parece tomar entidad de una sola cosa, una unidad, que marca la falta como único modo de ser nombrado, como único modo de nombrar a alguien. Alguien a quien se nombra desde la discrepancia o supuesta insuficiencia respecto de lo normal, de la norma; norma que ni siquiera se considera como media sino como única forma esperable según la cual, ante cualquier diferencia el ser aparece como insuficiente, como fallado… norma que parece confundirse con el ideal…  entonces a partir de su ex-istir  fallado,  se lo clasifica, se lo cuantifica, se lo objetiviza.

        Los avances científicos en la detección, la prevención y el diagnóstico durante el tiempo de la infancia, corren  el riesgo  de no considerar que la psicopatología de los niños sea diferente a la de los adultos.  De hecho, las clasificaciones y medicaciones de gran auge hoy,  son similares desconociendo la asimetría; tanto a nivel del desarrollo orgánico como de la constitución subjetiva, y sin considerar los efectos que pueden producirse en un cuerpo y un aparato psíquico en constitución.

        Actualmente se observa la tendencia de patologizar cualquier experiencia infantil, siendo fácilmente diagnosticado según las nomenclaturas de moda… aquellos niños que se muestran inquietos, traviesos, los que no aceptan fácilmente ser obedientes, los que muestran con   síntomas:  la angustia, la tristeza, o solamente ponen en evidencia que no les escucha o se los mira como necesitan, o que manifiestan a gritos  los problemas familiares; son fácilmente categorizados, catalogados, y en el peor de los casos medicados. Manifestaciones esperables en la infancia puede ser consideradas como  trastorno,   problema genético, desorden, síndrome o  discapacidad.

         Recordemos que los niños se expresan  con el cuerpo, la voz, el dibujo, el juego; y  los aparentes problemas de aprendizaje suelen ser síntomas que nos dicen que algo está pasando, con el saber, el conocer, algo no dicho…que no se puso a circular… entre otras cuestiones. Pero sobre todo,  tener en cuenta que en las clasificaciones generales queda anulado lo propio, lo subjetivo, lo histórico, el caso a caso; y que su  efecto acompaña al niño a lo largo de toda su vida.


Entonces…¿otra escena es posible?

        Al hablar de dis-capacidad, la pausa propone pensar… ¿Dónde está la discapacidad, esta?, ¿es medible, cuantificable, localizable, clasificable?, ¿está dada de antemano? O ¿se construye entre el deseo del Otro y el propio?, ¿aquello que llamamos discapacidad atraviesa lo orgánico o lo subjetivo?

¿Será  cuestión de cambiar la palabra… o de repensar su sentido?…  ya no fallado, sino con falta.

        Entonces… ¿de que se habla cuando se habla de dis-capacidad? Se  habla de diferencias, de diversidad, se habla de salir de un único modo o modelo posible de ser y estar en este mundo; se habla de hacer visibles dificultades y capacidades, de una mirada integradora, de una mirada y escucha al niño donde se ponga en juego la complejidad de relaciones y lazos que nos hacen ser del modo que somos.

        Si la constitución subjetiva está sujeta a los diversos encuentros con el Otro, con los sucesivos Otros; en este camino se irán inscribiendo los encuentros y desencuentros…y  en este devenir  posiblemente advenga o no un sujeto.

        Se haba de poder repensar, una y otra vez…cuestionar, sin supuestos ni certezas, animarse a dudar, a preguntar y preguntarse…

        ¿Podría pensarse la discapacidad en relación a la identificación de un ideal?,  ¿Podría pensarse la discapacidad en relación a la novela familiar y el nombre con el que el sujeto es enunciado en relación al deseo del Otro?,  ¿Discapacidad como lugar asignado por el otro y asumido por el sujeto…?.

        Se trata de obstaculizar  la discapacidad como, posición ante la vida y sus contingencias, lugar del no-poder elegir, decidir, posición subjetiva, como identidad. Tomar la pausa para pensar… nuevos modos, posibilitar otras miradas.  Cuando a un niño se lo diagnostica como  discapacitado, se lo  estigmatiza, y esto lo  acompaña  a lo largo de su vida, quedando fijado a una experiencia discapacitante.

        Otro modo es posible, otro modo que habilite mirar al niño, acompañar, escuchar, construir lazos de amorocidad, brindar espacios de expresión y de cosntitución subjetiva... tomar en cuenta la historia singular de cada uno, considerando a  la infancia como tiempo propio, como tiempo que deja huella.


Verónica del Castillo
Psicopedagoga