Donde hay juego… hay niño.








        La propuesta sería  mirar al juego como un espacio propio e imprescindible donde se constituye la infancia,  reconocer al juego como esencial  establece una responsabilidad: la de garantizarlo en la vida, en la escuela  y en la clínica  cuando de niños se trata.


        “Cinco años, diagnóstico TGD con indicios de autismo, experiencias de situación de calle por violencia familiar. En los primeros encuentros había gritos, sin contacto visual, palabras sueltas inentendibles, manos en los bolsillos, por momentos ecolalias, alterna de un objeto a otro, no hay juego, sin control de efinteres. Se orienta el trabajo desde el juego como espacio para que algo del “niño” empiece a aparecer, se ponen a disposición diferentes materiales de juego, cajas cerradas y abiertas que invitan a explorar, a mirar, se le pregunta, se le ofrece elegir, a veces se acompaña el juego con preguntas, palabras y otras veces se acompaña y se sostiene desde el silencio… al principio son dos jugando al mismo tiempo en distintas escenas…. Con el tiempo se arman escenas compartidas, se buscan con la mirada y la palabra, elige con qué jugar, dispone de lo que hay…. Un día al llegar dice:-mirá mamá quién ésta!, Es Vero!, Vero, vamos a jugar!-,  la mamá cuenta que dejó los pañales…. Al irse dice...- la semana que viene…juego-.  Poco a poco aparece el juego, la palabra, la elección, el deseo, aparece el niño” (viñeta clínica)

        Se trata de dejar entrar lo lúdico, la posibilidad de jugar libremente en cada encuentro, de crear las propias reglas más allá de las establecidas, de que no haya reglas en tanto fijezas que marcan un único modo  posible, de habilitar el “uso” del juguete, de posibilitar el devenir de la imaginación, la creatividad, la afectividad, el pensamiento, el encuentro con el otro.

         El juego en sus múltiples posibilidades, como deseo, como herramienta, como espacio creativo, como escena donde surge lo propio, auténtico y particular de cada uno. El juego como actividad constituyente en la infancia, el juego como oportunidad que aparezca lo simbólico, como posibilitador de la palabra, como esencial para que el niño se despliegue con toda su potencialidad, su capacidad, para que el niño se asome, aparezca introduciendo la pausa en la llamada dis-capacidad.
 La actividad lúdica presente, en el mejor de los casos, desde los primeros tiempos en el vínculo madre-hijo, se va complejizando y construyendo en estructuras físicas, psíquicas, emocionales, cognitivas, y sociales que permiten el crecimiento armónico y saludable del niño, abriendo la posibilidad de lo  que más tarde será el lugar a las experiencias culturales.

         Jugando, el niño vivencia, recrea  resignifica… y asi en este devenir se despliega  el logro de la constitución  subjetiva… cabe preguntarse ¿qué le pasa a un niño cuando da cuenta de juegos estereotipados, escasez de juego simbólico,  juego fragmentado …? … el juego como lenguaje en la infancia, es cuestión de los adultos decidir escuchar.

       El niño como sujeto productor de sentido, se constituye  sostenido por los vínculos afectivos primarios, los adultos significativos en la vida de este  niño;  que luego se irán complejizando y abriendo hacia otros que acompañen este camino de la infancia.  Esas primeras relaciones, primero en la familia, luego en la escuela, sientan  las bases de  los procesos de identificación y socialización.

       Donde hay juego hay niño… donde hay niño hay juego…. el juego es partícipe de la construcción psíquica y en los intercambios intersubjetivos;  juego y niño  de la mano recorriendo los caminos de la infancia, de las infancias, la de cada uno… desde esta mirada es que consideramos que el juego permite construir y construirse.

Verónica del Castillo
Psicopedagoga

Referencias
- Picasso, Maya y la Muñeca