Elegimos hablar de dis-capacidad…






           La idea de pensar la llamada discapcidad como 
dis-capacidad  propone una pausa; sin la cual la discapacidad parece tomar entidad de una sola cosa, una unidad, que marca la falta como único modo de ser nombrado, como único modo de nombrar a alguien. Alguien a quien se nombra desde la discrepancia o supuesta insuficiencia respecto de lo normal, de la norma; norma que ni siquiera se considera como media sino como única forma esperable según la cual, ante cualquier diferencia el ser aparece como insuficiente, como fallado… norma que parece confundirse con el ideal…  entonces a partir de su ex-istir  fallado,  se lo clasifica, se lo cuantifica, se lo objetiviza.

        Los avances científicos en la detección, la prevención y el diagnóstico durante el tiempo de la infancia, corren  el riesgo  de no considerar que la psicopatología de los niños sea diferente a la de los adultos.  De hecho, las clasificaciones y medicaciones de gran auge hoy,  son similares desconociendo la asimetría; tanto a nivel del desarrollo orgánico como de la constitución subjetiva, y sin considerar los efectos que pueden producirse en un cuerpo y un aparato psíquico en constitución.

        Actualmente se observa la tendencia de patologizar cualquier experiencia infantil, siendo fácilmente diagnosticado según las nomenclaturas de moda… aquellos niños que se muestran inquietos, traviesos, los que no aceptan fácilmente ser obedientes, los que muestran con   síntomas:  la angustia, la tristeza, o solamente ponen en evidencia que no les escucha o se los mira como necesitan, o que manifiestan a gritos  los problemas familiares; son fácilmente categorizados, catalogados, y en el peor de los casos medicados. Manifestaciones esperables en la infancia puede ser consideradas como  trastorno,   problema genético, desorden, síndrome o  discapacidad.

         Recordemos que los niños se expresan  con el cuerpo, la voz, el dibujo, el juego; y  los aparentes problemas de aprendizaje suelen ser síntomas que nos dicen que algo está pasando, con el saber, el conocer, algo no dicho…que no se puso a circular… entre otras cuestiones. Pero sobre todo,  tener en cuenta que en las clasificaciones generales queda anulado lo propio, lo subjetivo, lo histórico, el caso a caso; y que su  efecto acompaña al niño a lo largo de toda su vida.


Entonces…¿otra escena es posible?

        Al hablar de dis-capacidad, la pausa propone pensar… ¿Dónde está la discapacidad, esta?, ¿es medible, cuantificable, localizable, clasificable?, ¿está dada de antemano? O ¿se construye entre el deseo del Otro y el propio?, ¿aquello que llamamos discapacidad atraviesa lo orgánico o lo subjetivo?

¿Será  cuestión de cambiar la palabra… o de repensar su sentido?…  ya no fallado, sino con falta.

        Entonces… ¿de que se habla cuando se habla de dis-capacidad? Se  habla de diferencias, de diversidad, se habla de salir de un único modo o modelo posible de ser y estar en este mundo; se habla de hacer visibles dificultades y capacidades, de una mirada integradora, de una mirada y escucha al niño donde se ponga en juego la complejidad de relaciones y lazos que nos hacen ser del modo que somos.

        Si la constitución subjetiva está sujeta a los diversos encuentros con el Otro, con los sucesivos Otros; en este camino se irán inscribiendo los encuentros y desencuentros…y  en este devenir  posiblemente advenga o no un sujeto.

        Se haba de poder repensar, una y otra vez…cuestionar, sin supuestos ni certezas, animarse a dudar, a preguntar y preguntarse…

        ¿Podría pensarse la discapacidad en relación a la identificación de un ideal?,  ¿Podría pensarse la discapacidad en relación a la novela familiar y el nombre con el que el sujeto es enunciado en relación al deseo del Otro?,  ¿Discapacidad como lugar asignado por el otro y asumido por el sujeto…?.

        Se trata de obstaculizar  la discapacidad como, posición ante la vida y sus contingencias, lugar del no-poder elegir, decidir, posición subjetiva, como identidad. Tomar la pausa para pensar… nuevos modos, posibilitar otras miradas.  Cuando a un niño se lo diagnostica como  discapacitado, se lo  estigmatiza, y esto lo  acompaña  a lo largo de su vida, quedando fijado a una experiencia discapacitante.

        Otro modo es posible, otro modo que habilite mirar al niño, acompañar, escuchar, construir lazos de amorocidad, brindar espacios de expresión y de cosntitución subjetiva... tomar en cuenta la historia singular de cada uno, considerando a  la infancia como tiempo propio, como tiempo que deja huella.


Verónica del Castillo
Psicopedagoga