Distintas versiones del jugar... (2° Parte)


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Desde el  psicoanalísis, son varios los autores que hacen referencia al juego y al jugar, entre ellos cabe mencionar a Freud, padre  del psicoanálisis, quien  da cuenta de los efectos constitutivos y movimiento psíquico del juego del carretel, fort da,
Winnicott en “Realidad y juego”,  menciona que el jugar es hacer, se relaciona con lo placentero, y como actividad creadora y cultural  le permite al niño y a la niña expresarse. Hace referencia por medio del juego se  expresa la agresión sin que el medio  le devuelva odio y violencia. Según él, lxs niñxs  juegan para controlar la ansiedad, para adquirir  experiencias; y considera que  el juego proporciona una organización para iniciar relaciones emocionales por medio de las cuales se desarrollaran contactos sociales.  Winnicott ubica al juego  en un espacio potencial;   zona, que no pertenece a la realidad externa ni a la interna, se trata de la construcción de un interior y un exterior aproximándose a esta diferenciación gracias a la aparición de objetos transicionales y al desarrollo de actividades que conforman los llamados “fenómenos transicionales”.   
La multiplicidad de perspectivas en relación al juego y su importancia para la subjetividad de lxs niñxs permite un abordaje integral. Las diversas miradas confluyen en la importancia del juego y sus efectos en la infancia, el niño y la niña que juegan va incorporando el entorno a su psiquismo a la vez que va insertándose él en dicho entorno, más aún, podría pensarse que por medio del juego el niño se constituye, se despliega la infancia, se es niñx.
El juego posibilita trayectos, y según los trayectos, hay acceso a otra realidad que la psíquica; esa otra realidad a construir es tridimensional; esa otra realidad se constituye por los trayectos, que habilitan la posibilidad de movimiento, si hay juego hay movimiento, no lo fijo ni lo estático, no reiteración, sino la posibilidad de otra vuelta, de movimiento inconciente, transformación, repetición, es decir no lo mismo, sino lo otro de lo mismo.

 A través del juego el niño se expresa, elabora situaciones, crea, aprehende, se alegra. Es su modo, por excelencia, de estar  en el mundo, el juego en la infancia en tanto espacio privilegiado para la constitución subjetiva.
          
Referencias
Trigo, A. E. (2005). Juego y creatividad: el re-descubrimiento de lo
Newson, E y Newson J. (1979). Juguetes y objetos para jugar. Barcelona: CEAC, 1982.
- freud “mas alla del principio del placer
Orlick, T. (1988). El juego cooperativo. En  Cuadernos de pedagogía, 163, pp.84-87.
Winnicott, D. (1969). Realidad y juego. Buenos Aires: Gedisa.
---------------- (1980). El niño y el mundo externo. Buenos Aires: Hormé.
Abeles, A. “Otra vuelta por el juego”. Conferencia. Fundación Campos del psicoanálisis.


Pórtate bien!!... ¿de qué se trata?



Como imperativo, como frase, como pedido o súplica, con diferentes entonaciones,  afectos y efectos, ¡pórtate bien! es algo que se escucha a diario en diversas situaciones y contextos donde son lxs niñxs los destinatarios  de ese pedido o pasivamente escuchan como se habla de ellxs…
¿Qué encierra la idea del portarse bien?… muchas veces se escucha como genérico y apunta a la idea que “ese adulto”  tiene en ese momento  y que no siempre es la misma idea ni situación  aunque la frase se repite… Propongo pensar también en aquellos momentos en que lxs niñxs repiten esa frase a otros en sus juegos o enojos, o bien a modo de obtener algún tipo de “disculpa, o aprobación”,  o bien dejar contento a quien lo escucha. Son muchas las veces que dentro de una familia e  institución educativa se escucha “Pórtate bien”...
Propongo detenernos a pensar si esa frase no está reemplazando peligrosamente por sus efectos el lugar de la palabra ante alguna situación que afecta a lxs adultxs y a lxs niñxs de algún modo, afecta en tanto sentirse afectado, modo único para cada quien, que al encerrarse en esa única frase, no habilita la posibilidad de diálogo. Muchas veces cuando un niño o niña dice “me voy a portar bien” y se le pregunta qué quiere decir con eso, no pueden expresarlo con sus propias palabras;  cuando alguien alguna vez les dice “no se trata de portarse bien o mal”, miran como desorientados, repiten la frase una y otra vez, parecen no entender…
Detenerse a pensar también  qué es bien o mal?... ¿Es bien o mal para todos siempre lo mismo?, o habría que tener una lista, como si se pudiera, de lo que es bien o mal para cada persona con la que nos encontramos en nuestra vida; aunque, al ser una lista, ya que siempre hay más de una opción,  habría que adivinar a qué de esa lista se refiere esa persona, en ese momento…. Suena ridícula la idea; y lo ridículo, a veces, da cuenta de lo ridículo de lo que pasa…
Bien o mal como categorías que encierran tandas cuestiones, contingencias, decisiones, miradas, posiciones… tantas como sujetos hay… tal vez, una vez más la idea sería vaciar de sentido, a ese “pórtate bien”  para darle otra vuelta;  un nuevo modo donde sea la palabra la que habilite a hablar, a decir lo que pasa, lo que se siente, lo que molesta, lo que duele, lo que disgusta o gusta, lo que nos hace bien y nos hace mal a cada uno en cada momento y circunstancia.
La palabra enlaza desde el amor, la palabra como pausa para que haya mirada, escucha, aceptación de lo propio y lo del otro, como diferenciación entre lo propio y lo ajeno, la palabra que habilita un tiempo, y un espacio para sentarse a hablar. La palabra desde la presencia, habilitando una pausa, un corte a ese “pórtate bien” impersonal, genérico, vacío de sentido y con enormes efectos….
No es lo mismo con palabra o sin ella, ni en la vida de lxs adultxs, ni mucho menos en lxs niñxs en pleno proceso de constitución subjetiva. La palabra como significante, como emblema a dejar a lxs niñxs, como recurso simbólico.  Para que ellxs dispongan de la palabra, son lxs adultxs quienes deben ofrecérsela, prestarla, habilitarla, para que poco a poco la hagan propia…
Verónica del Castillo
Psicopedagoga